En el jardín de la abuela había un árbol muy frondoso que daba mucha sombra en verano.
Bajo sus ramas crecían unas flores con un aroma dulce que se sentía desde lejos.
Pero aquel año la sequía había dejado el jardín seco y las flores estaban marchitas.
La abuela regó cada planta con cuidado para que volvieran a florecer.