Marcos salió al recreo y vio a su amigo Tomás sentado solo en el banco.
Tomás miraba el suelo y no quería jugar.
Marcos se acercó y se sentó a su lado sin decir nada.
Al rato, Marcos sacó su pelota y se la ofreció a Tomás.
Tomás sonrió un poco y los dos se fueron a jugar juntos.
Cuando sonó el timbre, Tomás le dio las gracias a Marcos.