El lunes llegó un niño nuevo a la clase. Se llamaba Adrián.
Adrián entró despacio y no sabía dónde sentarse.
La profesora lo presentó y todos le miraron en silencio.
Sara se levantó y le señaló el sitio libre que había a su lado.
A la hora del recreo, Sara le enseñó el patio y jugaron juntos.
Al salir del colegio, Adrián estaba mucho más contento que por la mañana.