El equipo de Diego perdió el partido por un gol en el último minuto.
Diego había fallado un penalti y se sentía el culpable de todo.
Después del partido se quedó en el vestuario sin hablar con nadie.
Su capitán entró y se sentó a su lado en silencio un momento.
Luego le dijo: "Todos fallamos alguna vez, por eso entrenamos juntos."
Diego levantó la cabeza y por primera vez en la tarde consiguió sonreír.