Cada mañana, la señora Rosa subía sola las bolsas de la compra.
Un día, Claudia la vio en el portal con muchas bolsas y se ofreció a ayudar.
La señora Rosa dudó un momento y luego aceptó con una sonrisa.
Juntas subieron hasta el primero y dejaron las bolsas en la cocina.
La señora le ofreció una galleta y le dijo que era muy amable.
Desde ese día, Claudia siempre le preguntaba si necesitaba ayuda.