El lunes, Irene se despertó con fiebre y dolor de garganta.
Su papá la llevó al médico de cabecera por la mañana.
La doctora la examinó y le miró la garganta con una pequeña linterna.
Le dijo que tenía una infección y le recetó un jarabe y reposo.
Irene tuvo que quedarse en casa tres días sin ir al colegio.
Su papá le preparaba sopas calientes y zumo de naranja.
Al tercer día ya no tenía fiebre y le volvió el apetito.
El viernes pudo volver al colegio y contarle todo a sus amigos.