Los alimentos que tomamos cada día vienen de lugares muy diferentes. Para entenderlos mejor, los podemos clasificar en tres grandes grupos según de dónde proceden: alimentos de origen animal, alimentos de origen vegetal y alimentos de origen mineral. Conocer su origen nos ayuda a llevar una alimentación más sana y variada.
Los alimentos de origen animal son los que obtenemos de los animales. Algunos los conseguimos directamente, como la carne del cerdo, la ternera o el cordero, y el pescado. Otros vienen de productos que los animales nos dan sin necesidad de sacrificarlos, como la leche de la vaca, los huevos de la gallina o la miel de las abejas.
Los alimentos de origen vegetal proceden de las plantas y son una parte fundamental de nuestra dieta. Entre ellos están las frutas, como la manzana, la naranja o el plátano. También las verduras y hortalizas, como la lechuga, la zanahoria o el tomate. Y los cereales y legumbres, como el trigo con el que se hace el pan, el arroz o las lentejas.
Los alimentos de origen mineral son menos conocidos pero igual de importantes. El más común es la sal, que sacamos del mar o de minas subterráneas. También el agua, esencial para vivir, que tomamos sola o forma parte de muchísimos alimentos. Estos minerales hacen que la comida sepa mejor y son necesarios para nuestro cuerpo.