Las personas trabajamos en oficios muy diferentes que, juntos, hacen funcionar nuestra sociedad. Para organizarlos mejor, los expertos los agrupan en tres sectores económicos: el sector primario, el sector secundario y el sector terciario. Cada sector cumple una función distinta pero todos son imprescindibles.
El sector primario reúne los oficios que obtienen recursos directamente de la naturaleza. Los agricultores cultivan la tierra para sacar verduras, frutas y cereales. Los ganaderos cuidan animales como vacas u ovejas para obtener leche, carne o lana. Y los pescadores salen al mar para conseguir el pescado que después llegará a las pescaderías.
El sector secundario está formado por los oficios que transforman las materias primas en productos terminados. El panadero coge la harina y hace pan. El carpintero corta madera y construye muebles. El mecánico repara coches en su taller. Casi todo lo que usamos a diario ha pasado por alguien que trabaja en este sector.
El sector terciario incluye los oficios que ofrecen servicios a las personas, sin fabricar productos. El profesor da clases a los alumnos. El médico cura a los enfermos en hospitales y centros de salud. El dependiente atiende a los clientes en una tienda. También son del sector terciario los policías, los bomberos, los taxistas o los camareros.