Cuando hablamos o escribimos utilizamos muchísimas palabras distintas, pero no todas cumplen la misma función. En Lengua aprendemos a clasificar las palabras según para qué sirven. Hoy vamos a fijarnos en tres clases fundamentales: los sustantivos, los adjetivos y los verbos. Saber distinguirlos ayuda a entender cómo se construyen las frases.
Los sustantivos son las palabras que nombran cosas. Pueden referirse a personas (niño, maestra), animales (perro, ballena), objetos (mesa, libro), lugares (parque, ciudad) o ideas (alegría, amistad). Sin sustantivos sería imposible hablar, porque no podríamos llamar a las cosas por su nombre. En una frase, suelen ser las protagonistas: aquello de lo que estamos hablando.
Los adjetivos son las palabras que describen cómo son los sustantivos. Sirven para añadir información: nos dicen el color, el tamaño, la forma, el carácter o cualquier otra característica. Por ejemplo, podemos decir que un coche es rojo, que una mesa es grande, que un niño es simpático o que un parque es bonito. Los adjetivos hacen que el lenguaje sea mucho más rico.
Los verbos son las palabras que indican acciones, estados o procesos. Casi siempre, en una frase, hay un verbo que dice lo que está pasando. Correr, comer, leer, saltar y dormir son verbos que expresan acción. Ser, estar y parecer son verbos que indican un estado. Sin verbos no podríamos contar lo que hacemos ni lo que ocurre a nuestro alrededor.