Dormir bien es una de las cosas más importantes para nuestra salud. Para mí, dormir las horas necesarias debería ser tan obligatorio como ir al colegio. Los expertos en sueño recomiendan que los niños de entre nueve y once años duerman entre nueve y once horas cada noche, una cifra que muy pocos cumplen en realidad.
Está demostrado que dormir poco perjudica enormemente. Los niños que no descansan suficiente sacan peores notas, se concentran peor en clase, son más irritables y enferman más a menudo. Yo creo que es uno de los problemas más infravalorados de hoy en día, especialmente con el uso de pantallas hasta muy tarde.
Hay quien piensa que dormir poco es señal de ser más trabajador o más activo. Es de necios pensar así: el cuerpo necesita sus horas de descanso para regenerarse. Durante el sueño, el cerebro ordena lo aprendido durante el día y los músculos se reparan. Sin sueño, todo eso se queda a medias.
En mi opinión, los padres deberían poner normas claras: hora fija para acostarse, nada de pantallas en la habitación y dormitorio a oscuras. Si los niños se acostumbran desde pequeños a dormir bien, llegarán a la adolescencia y a la edad adulta con un hábito saludable que les acompañará toda la vida.