Los deberes son las tareas que los profesores mandan para hacer en casa. Para mí, son una parte fundamental del aprendizaje, aunque sé que a muchos niños no les gustan. En España, los alumnos de Primaria suelen tener entre veinte y cuarenta minutos de deberes al día, dependiendo del curso.
Está demostrado que hacer deberes ayuda a repasar lo aprendido en clase y a coger hábitos de estudio para cursos posteriores. Los niños que hacen deberes regularmente suelen sacar mejores notas en exámenes. Yo creo que también enseñan a ser más responsables, porque hay que organizarse y cumplir un horario.
Sin embargo, hay quien piensa que los deberes quitan demasiado tiempo libre. Es de exagerados decir que los deberes destrozan la infancia: con una hora al día queda muchísimo tiempo para jugar, hacer deporte y estar con la familia. Lo importante es que no se conviertan en una pesadilla diaria.
En mi opinión, los deberes deben ser pocos pero bien hechos. Más vale dedicar veinte minutos concentrado y entendiendo lo que haces, que estar dos horas distraído con la tableta al lado. Si los padres acompañan a sus hijos pero sin hacerles el trabajo, los deberes se convierten en una herramienta perfecta para crecer académicamente.