La televisión es un invento maravilloso que nos ha acompañado durante muchas décadas. Hoy en día compite con internet, los móviles y las plataformas de streaming, pero sigue estando presente en casi todas las casas. Para mí, ver un poco de televisión al día puede ser muy entretenido si se hace con cabeza.
Está demostrado que la televisión, bien utilizada, puede ser educativa. Hay canales y programas dedicados a la naturaleza, a la historia, a la ciencia o a los idiomas que enseñan muchísimo. Yo creo que ver un buen documental con la familia puede ser tan enriquecedor como leer un libro.
El problema viene cuando se ve demasiado. Los expertos recomiendan que los niños de Primaria no vean más de dos horas al día. Pasar más tiempo delante de la pantalla puede afectar al sueño, al rendimiento escolar e incluso a la creatividad. Es de inocentes pensar que cuatro o cinco horas diarias no tienen consecuencias.
Para mí, la televisión debe ser una compañera, no la dueña de tu tiempo libre. Es importante elegir bien qué se ve y combinarla con otras actividades: deporte, lectura, juegos en familia o quedadas con amigos. Si la televisión está apagada la mayor parte del día, mucho mejor.