En el desierto de Egipto, a las afueras de la ciudad de El Cairo, se levantan unas construcciones gigantescas que tienen miles de años: las pirámides. Son uno de los monumentos más impresionantes que ha hecho el ser humano y siguen en pie desde hace más de cuatro mil quinientos años.
Los antiguos egipcios construyeron las pirámides como tumbas para sus faraones, los reyes que gobernaban Egipto. Creían que después de morir el faraón seguía viviendo en otro mundo, y necesitaba un lugar enorme y bien protegido donde reposar para siempre.
Para construir una pirámide hacían falta miles de obreros. Cortaban grandes bloques de piedra de las canteras, los arrastraban hasta el lugar de la obra y los colocaban unos encima de otros formando capas cada vez más pequeñas, hasta acabar en punta. Algunos bloques pesaban más de dos toneladas y aun así los movían sin maquinaria moderna.
La pirámide más famosa es la Gran Pirámide de Keops, en Guiza. Mide unos ciento cuarenta metros de altura, casi como un edificio de cincuenta pisos. Cuando se terminó era la construcción más alta del mundo, y lo siguió siendo durante más de tres mil años.
Junto a las pirámides hay otra figura muy conocida: la Esfinge. Tiene cuerpo de león y cabeza humana, y mira siempre hacia el este, hacia el sol naciente. Los arqueólogos siguen estudiando estas construcciones para entender cómo se hicieron y qué significaban para los egipcios.