La Gran Muralla China es una de las construcciones más impresionantes del mundo. Recorre el norte de China durante miles de kilómetros, subiendo y bajando por montañas y atravesando desiertos. Si la mirásemos desde un avión muy alto, parecería una larga serpiente de piedra dibujada sobre el paisaje.
La muralla se empezó a construir hace más de dos mil años, en tiempos del primer emperador de China. Se levantó para proteger al país de los pueblos guerreros que llegaban desde el norte e intentaban invadirlo. Cada nuevo emperador iba añadiendo tramos nuevos o reparando los que se habían deteriorado.
A lo largo de la muralla hay miles de torres de vigilancia. Desde lo alto de cada torre, los soldados vigilaban el horizonte. Si veían acercarse al enemigo, encendían fuegos o hacían señales de humo para avisar a las torres vecinas. De este modo, el mensaje recorría rápidamente cientos de kilómetros y todo el ejército se preparaba para defender la frontera.
Construir la muralla fue un trabajo muy duro. Miles de obreros, soldados y prisioneros trabajaron durante muchos años bajo el sol o la nieve. Usaron piedras, ladrillos, tierra apretada y madera, según los materiales que tenían en cada zona.
Hoy en día la Gran Muralla ya no protege ninguna frontera, pero sigue siendo un símbolo muy importante para China. Millones de turistas la visitan cada año para caminar por su muro y disfrutar de las vistas. Una parte está bien conservada, pero otras zonas se están desmoronando y los expertos trabajan para repararlas.