Cuando Adrián empezó su trabajo sobre los volcanes, fue copiando frases de aquí y de allá. Al final, su trabajo era genial… hasta que la profe le preguntó: «¿De dónde has sacado esto?». Adrián no se acordaba. Tampoco encontraba la web. La frase quedó como suya, pero no lo era. Eso es plagio.
Su prima Carmen le enseñó un truco: el cuaderno de las fuentes. En una libreta, cada vez que toma una idea o un dato apunta cuatro cosas: autor, título, lugar de publicación y año. Por ejemplo: «Brusi, María — Cómo nace un volcán — National Geographic España — 2023». Si copia una frase exacta, la pone «entre comillas». Si la reescribe con sus propias palabras (parafrasear), también anota de dónde venía.
Al final del trabajo, todas esas anotaciones forman la bibliografía: la lista de fuentes utilizadas. Citar no es trampa, es lo contrario: dice al lector que tu trabajo se apoya en fuentes de verdad y que puede comprobarlas si quiere.
— Texto adaptado para Lengua 5º — Texto de 207 palabras —