Mi abuela María lleva preparando croquetas todos los domingos desde hace cuarenta años. La receta original venía de su madre y solo necesita seis ingredientes: harina, leche, mantequilla, jamón, sal y nuez moscada. Las cocina en dos cazos a la vez y le lleva una hora y media.
Sus croquetas son las más sabrosas que he probado nunca. En mi opinión, ninguna persona del mundo cocina como ella. Las hace pequeñas, del tamaño de una nuez, y siempre las fríe en aceite de oliva. La textura es perfecta: crujiente por fuera y muy cremosa por dentro.
Cada domingo prepara unas cuarenta unidades, aunque en mi familia somos seis. Las que sobran las guarda en el congelador. Para mí, comer en su casa es lo mejor que existe en este planeta.
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