Leer un poco todos los días es uno de los mejores hábitos que podemos adquirir. Aunque a veces da pereza coger un libro, dedicarle unos minutos cada tarde nos cambia la vida más de lo que parece.
En primer lugar, leer nos hace mejorar nuestro vocabulario. Cuando pasamos páginas y páginas, aprendemos sin darnos cuenta palabras nuevas que después usamos al hablar o al escribir redacciones. Por eso los lectores suelen expresarse mejor que quienes no leen nunca.
Además, leer entrena la concentración. En un mundo lleno de pantallas y vídeos cortos, sostener la atención en una historia durante veinte minutos es un ejercicio muy valioso para el cerebro. Quien lee con frecuencia se concentra mejor también en clase.
Por último, un buen libro nos transporta a lugares que jamás visitaríamos y nos hace vivir aventuras imposibles. La lectura desarrolla la imaginación de una forma que ningún otro pasatiempo consigue del todo.
Por todo esto, dedicar quince o veinte minutos diarios a leer no es una pérdida de tiempo, sino la mejor inversión que un niño puede hacer en sí mismo.
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