Cada tarde, miles de niños vuelven del colegio cargados con la mochila llena de tareas. Muchas familias y maestros ya se han preguntado si tantos deberes son realmente necesarios. En mi opinión, en Primaria los deberes deberían ser pocos y muy bien escogidos.
La razón principal es que un niño de diez años pasa ya cinco o seis horas sentado en clase. Llegar a casa y dedicar otras dos horas a tareas escolares lo agota y le quita tiempo para jugar, leer por gusto o estar con su familia. Estas actividades también son fundamentales para crecer sanos.
Algunos defienden los deberes porque, dicen, ayudan a coger el hábito de estudiar. Sin embargo, los estudios demuestran que los niños que tienen muchísimos deberes no aprenden más que los que tienen pocos. Lo importante no es la cantidad, sino que las tareas sean cortas y tengan un sentido claro.
Además, los deberes excesivos suelen acabar haciéndolos los padres, no los alumnos. Eso ni enseña ni divierte, solo crea peleas en casa.
Por todo esto, defiendo que en Primaria se ponga menos cantidad de deberes, pero más útiles. El descanso y el juego no son tiempo perdido: son parte de la educación.
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