La azotea del edificio Vialia, en pleno centro de Málaga, esconde un secreto: cuatro colmenas con 40.000 abejas cada una. Nadie diría que entre el ruido del tráfico viven medio millón de insectos polinizadores. Pero esa es la nueva tendencia que se extiende por Europa: la apicultura urbana.
Aunque parezca extraño, en muchas ciudades las abejas viven mejor que en el campo. La razón es que en los pueblos los cultivos usan productos químicos, mientras que en los parques urbanos suelen usarse menos. Además, en la ciudad hay flores variadas durante casi todo el año.
Una abeja obrera puede recorrer hasta cinco kilómetros desde su colmena para buscar néctar. Esto significa que las abejas de Vialia visitan los jardines de la Alameda, los rosales del Parque de Málaga e incluso las flores del paseo marítimo de La Malagueta.
"La gente piensa que es peligroso, pero no lo es", aclara Juan Pino, apicultor responsable de las colmenas malagueñas. "Las abejas vuelan hacia arriba y se alejan del tejado. La gente que pasa por la calle ni se entera de que están allí". Los apicultores hacen revisiones cada quince días.
Sí. Varios colegios de la ciudad organizan visitas para que los alumnos vean las colmenas desde una zona segura, vestidos con trajes especiales. "Cuando los niños entienden que las abejas son aliadas y no enemigas, cambian su forma de mirarlas", añade Pino.
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