El vidrio es uno de los pocos materiales que se puede reciclar infinitas veces sin perder calidad. Una botella vieja puede convertirse, en pocas semanas, en otra botella nueva exactamente igual.
El proceso es sencillo. Las botellas se llevan al contenedor verde, se transportan a una planta, se limpian, se trituran y se funden a más de 1.500 grados. Con el cristal líquido se moldean nuevos envases.
Reciclar vidrio ahorra energía y materias primas. Por cada tres botellas recicladas se ahorra la energía que gasta una nevera durante un día entero. Por eso, depositar el vidrio en su contenedor —y no en la basura común— es uno de los gestos más útiles que podemos hacer en casa.